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UNA ESCULTURA IBÉRICA DE CÉRVIDO
PROCEDENTE DE HIGUERUELA.

Por Teresa CHAPA BRUNET Dto. de Prehistoria Universidad Complutense

(Por el interés que pueda suscitar a los higueruelanos este trabajo, así como  la dificultad de acceder a este documento me permito copiarlo en su totalidad. Si ello no fuera legar ruego se me comunique, y lo retiraré de esta página.)

Dentro de los límites de la finca denominada " Casa Aparicio "en el paraje denominado Cerro de la Pared fue recogida hace ya tiempo una escultura representando un CÉRVIDO que fue trasladada por D. Alberto Vaño, a su domicilio de Valencia, donde hoy se  conserva.

No se conocen más datos sobre su primitivo contexto, sólo que la cabeza del animal, ausente ya en el momento de su hallazgo, fue buscada con cuidado por los alrededores, sin que estas labores dieran fruto.

A fines del siglo pasado fue encontrada en un lugar muy próximo. denominado "La Mata de la Estrella". una esfinge groseramente tallada, en actitud sentada y con pechos de mujer (F.Waltz. 1900) P. Paris (1903.p 123) pudo contemplarla. Resaltando su mutilación y el hecho de proceder de una tumba, dato que le aseguraron  los campesinos del lugar. J, Sánchez Jiménez (1959, p.166). ante la proximidad de los dos yacimientos y la repetida noticia del hallazgo de esculturas, pensó que se trataba del mismo ejemplar. Sin embargo, esto solo pudo deberse a la falta de una contemplación directa de la pieza ahora en Valencia. ya que a simple vista se aprecia que la descripción no coincide en absoluto con este ejemplar, que debemos considerar diferente del de la Mata de la Estrella.

Descripción de la pieza.

Escultura exenta de un herbívoro, probablemente una cierva. realizada en piedra caliza blanquecina, de superficie oscurecida por la acción del aire, del agua y de las plantas en contacto con ella. Falta la cabeza y gran parte del lado izquierdo desde época antigua. Su cuerpo es masivo, aunque se indica el final del vientre mediante una elevación junto a los cuartos traseros. El  cuello se levantaba verticalmente, pero está fracturado casi desde Su base. Las patas son desproporcionadamente largas y delgadas en relaci6n al cuerpo, sobre todo las delanteras. Están plegadas bajo el vientre. y terminan en pezuñas mal conservadas. La cola se situaba entre las ancas, pero está igualmente fracturada.

La figura se apoya en un plinto que le sirve de base. Longitud: 76 cms.; Altura: 47.5 cms.; grosor: 27 cms. 

Análisis morfológico

Las esculturas de cérvidos no son en el mundo ibérico tan abundantes como las de toros, leones o caballos, pero aparecen con una regularidad suficiente como para pensar que fue un animal significativo dentro de la simbología indígena. Aunque los ejemplos sean mal conocidos, abarcan prácticamente la totalidad del territorio ibérico (Fig. l), exceptuando las áreas clásicas de Valencia y el Suroeste, al menos por lo que hasta ahora conocemos. Inclusive es uno de los temas que aparece" en la necrópolis de Alarcos (Ciudad Real), un territorio al menos teóricamente alejado del núcleo central de la producción escultórica. Vamos a enumerar aquí las representaciones figuradas de ciervos en piedra, haciendo referencia a una bibliografía que pretende ser la más indicativa, pero de ningún modo exhaustiva.

- Caudete: Se conserva" al menos restos de tres piezas de este tipo, quizás cuatro, en el Museo de la Provincia. Una de ellas es la que ha posibilitado la interpretación de muchas otras esculturas aquí recogidas, ya que conserva la cabeza, y por lo tanto puede hablarse con certeza de ciervas como tema figurativo de los monumentos funerarios. J. Sánchez Jiménez (1959); T. Chapa (1980, pp. 275-284, Ltis. XxX-XxX11).

- Higueruela: Pieza objeto de este estudio.

- Cercado de Galera ( Lietor ): Junto a una escultura de carnívoro se recogió otra que repite el tipo de las de Caudete e Higueruela. No se tienen datos sobre su contexto, al menos por lo que hasta ahora sabemos. T. Chapa (1980, pp. 293.5, Lám. XXXVII). Museo de Albacete.

- Albanchez de Úbeda: De esta área procede una lápida o estela en la que se representa un relieve con una cierva en pie, mirando al frente. No se conocen tampoco datos sobre su contexto. Se conserva en el Museo de Jaén. T. Chapa (1980, pp. 407-9, Lám. LVII).

- Castellones de Ceal: Escultura de un herbívoro de este mismo tipo, procedente quizás de la conocida necrópolis, ahora en curso de nueva excavación. Museo de Jaén. T. Chapa (1980, pp. 416-7, Lám. LVIX. 2).

- Cerro Alcalá: Escultura fragmentada de herbívoro, que por su carácter poco definido pudiera tratarse de un bóvido o cérvido. Lo incluimos aquí porque uno de sus caracteres elevación marcada de los cuartos traseros es compartido por piezas como las de Baena (Córdoba). Museo de Jaén. T. Chapa (1980, pp. 439.440, Lám. LXV).

- Toya: Escultura de cérvido conocido por el nombre de "bicha" por su relación con la de Balazote. Apareci6 en asociación posible. aunque no segura, con la gran cámara funeraria subterránea. Museo Arqueológico Nacional de Madrid. J. Cabrk (1925, pp. 73.4, fig. 13).

Córdoba

- Almodóvar del Río: Largo relieve en el que dos jinetes y un personaje en un gran carro de doble tiro de caballos persiguen a un ciervo del que apenas se conserva algo más que la cornamenta y parte del cuerpo. Museo Arqueológico de Córdoba. J. Caro Baroja (1957, fig. 143); T. Chapa (1980, pp. 5 16-8,Láms. XCII y XCIII).

- Baena: Recientemente se han recuperado tres buenos ejemplares de cérvidos, esculturas exentas con particularidades muy llamativas, aunque se encuentran inmersas en las características básicas de los talleres escultóricos de la zona. Museo de Córdoba. Inéditas.

- Osuna: De aquí procede el conocido relieve en el que una cierva da de mamar a su cría. mientras a su vez ella come de un árbol, probablemente una palmera. Museo Arqueológico de Sevilla. P. Paris (1903. pp. 328.330, fig.315).

Ciudad Real

- Alarcos: Entre los fragmentos escultóricos recogidos en este yacimiento hay uno que podría ser considerado como un cérvido, aunque solo se nos conservan parcialmente sus cuartos delanteros. M. de Prada (1977, pp. 695.705, Lám. 3.3). Museo Arqueológico de Ciudad Real.

Son, en total, quince piezas seguras, de las que doce son esculturas exentas y tres relieves de diferentes tipos. Predomina. por lo tanto, la figura que debía ir aislada, centrándose en ella la atención del monumento al que iba destinada.

La pieza de Higueruela es muy semejante al resto de las esculturas aparecidas en Albacete. Comparte con las de Caudete y Lietor el presentar un cuerpo que tiende a una marcada horizontalidad, el adelantamiento de la zona pectoral sobre las patas delanteras, y el arranque de un cuello cilíndrico. De hecho, si la comparamos con la totalidad del conjunto. se aproxima más a los ejemplares más cercanos geográficamente que al resto. Esto pudiera llevarnos a pensar en una identidad de talleres, al menos para Caudete e Higueruela, que no están a una distancia excesiva. o quizás en una escuela común para los artistas de la zona.

Reconstrucción de los monumentos

 

Hemos resaltado la existencia de piezas exentas y de relieves entre el material analizado. Esto nos lleva a pensar en las distintas posibilidades de reconstruir su emplazamiento en los monumentos a los que pertenecían. Los estudios de M. Almagro Garbea (1981, 1982a, 1982b) nos ayudan mucho en este sentido, ya que han permitido conocer básicamente la forma de estas construcciones funerarias. En lo que se refiere a las esculturas exentas, y por lo tanto al ejemplar de Higueruela, podemos pensar que se trataba de piezas que coronaban los pilares-estela situados sobre las tumbas de importancia. Aunque no se haya recuperado aún ningún elemento arquitectónico. los ejemplos relativos a otras especies como toros o leones van siendo ya suficientemente numerosos como para poder extender esta interpretación, máxime dado su carácter exento y el hecho de que no se encuentren nunca por parejas.

Estas construcciones consistían en una base, generalmente escalonada, sobre la que se elevaba una columna o pilar que daba paso a su vez a un capitel o gola y a una escultura zoomorfa. Este tipo, reconstruido ya por el autor antes citado en yacimientos como Monforte del Cid (Alicante) 0 Los Nietos (Murcia), debió recogerse en última instancia del mundo oriental, y de forma más directa del ámbito griego, donde los pilares-estela sustentaban esfinges muy semejantes a las propias de Agost (G. M. A. Richter, 1961), sustituyéndolas luego por palmetas. No es imposible que las cámaras de Toya y Castellones de Ceal, en Jaén, estuvieran señalizadas al exterior por columnas de este tipo. Por ello la asociación escultura/cámara no ha quedado clara, ya que aquélla pudo, con el paso del tiempo, caer lejos de la construcción subterránea que indicaba.

Además de este tipo de edificaciones debieron existir otros de carácter aún más monumental, como las torres funerarias. Estas, más escasas quizás en el ámbito ibérico, tienen a su vez una compleja interpretación respecto al origen de su desarrollo en nuestra Península, tema en el que no vamos a entrar aquí. En cualquier caso, sabemos que estas torres llevaban a menudo asociados animales de esquina, de los que hay buenas pruebas en Albacete (Pozo Moro, La Cueva de Pozo cañada, Bogarra) (M. Almagro Garbea, 1982a, pp.187.8). Igualmente, su parte superior iba decorada con relieves de carácter mitológico o al menos simbólico (M. Almagro Garbea, 1982c, pp. 253 SS.). A un monumento de este tipo pudo pertenecer el relieve de Almodóvar del Río (Córdoba), que refleja una caza con medios sofisticados y en la que aparece el carro corno figura principal.

Más difícil es saber cómo se situaban las piezas en relieve, como el sillar de Osuna y la lápida de Albanchez de Úbeda. La representación de ésta se encuentra claramente separada de la parte inferior del bloque, lo que mueve a pensar que la piedra se encontraba hincada en tierra y que pudo localizar una tumba sencilla. Por otro lado, la estática actitud del animal no permite considerarlo como parte de un relieve más amplio que incluyera otras lajas. Creemos que se trata de un ejemplar tardío de representación de este tema, que sigue dominando la tumba pero bajo otras fórmulas iconográficas. Por último, el relieve de Osuna pudo formar parte de un edificio de forma desconocida, aunque la imagen es de marcado carácter púnico, lo que haría pensar en una construcción referida a los gustos de este ambiente.

Significado y Cronología

La figura del ciervo tuvo siempre en el mundo mediterráneo y en el Próximo oriente unas connotaciones religiosas muy marcadas. Por poner un ejemplo, una de las divinidades del mundo hitita era representada por la cornamenta de este animal, con la que se escribía su nombre: Karhuhas (R. D. Barnett, 1975, p. 73). En la Península Ibérica, sin embargo, tuvo un significa-do muy especial, siendo uno de los pocos animales de los que conocemos con certeza su filiación a una leyenda. Este es el caso de la cierva blanca que un lusitano regaló a Sertorio (A. García Bellido, 1957, p. 129), siendo el culto de este animal de carácter oracular e incluso oniromántico, puesto que se expresaba por medio de sueños, como recogen en sus escritos diversos autores latinos 0.M. Blázquez, 1975a, p. 58; 1981, p. 187). Estos asocian el ciervo con una divinidad similar a Artemis-Diana, unida no sólo a la caza, sino también a la luna y a la reproducción continua de la vida (A. Blanco, 1964, pp. 333-J).

En Mérida, además, se relaciona con Ataecina, asimilable a Proserpina, y muy relacionada por lo tanto con el mundo de ultratumba. La leyenda de la cierva de Sertorio no señala, sin embargo, el inicio del culto a este animal, sino que más bien refleja una larga tradición religiosa en este sentido. Para confirmar esta hipótesis tenemos muchos ejemplos de objetos de carácter ritual en los que aparece la figura del ciervo, y que se fechan a partir del período "orientalizante". Muchos de ellos fueron recogidos en los trabajos de A. García Bellido (1957, 1958), contándose entre los de aparición más reciente el jarro de La Joya (Huelva) o los ejemplares de la Sierra de Vilches y Cástulo (I.M. Blázquez, 1975b), así como la base de lámpara de Los Marroquíes Altos, procedente de Jaén como los anteriores (A. Blanco, 1964, fig. 6).

Así pues, aunque sabemos que fue en territorio lusitano donde este culto estuvo más extendido, tanto los objetos cerámicos y metálicos antes citados como las propias manifestaciones escultóricas nos muestran claramente que el ciervo tuvo una aceptación generalizada en el mundo ibérico, con raíces en épocas anteriores. Por otro lado, esta figura tuvo gran aceptación en toda la Península, y desde la conquista romana tenemos datos sobre su aparición en contextos indígenas, tanto en ambientes puramente religiosos como en conexión con el mundo funerario, asociado en ocasiones al caballo y el jabalí (I. M. Blázquez, 1975a, p. 60; F. Marco Simón, 1978).

Entre los pueblos ibéricos el ciervo era objeto de caza para complementar la dieta de carne, es decir, con un carácter exclusivamente económico, como lo demuestran los estudios osteológicos llevados a cabo en los poblados por A. Von den Driesch (1972. p. 175). Sabemos que también en el Curo de los Santos se consumi6 ciervo o se utiliz6 con fines religiosos, aunque en menor número que el toro.

Iconográficamente, sin embargo, las escenas de caza del ciervo tenían un significado más profundo que el mero reflejo de esta actividad cinegética. Se trata de escenas de carácter religioso y funerario, en las que un personaje demuestra su valía persiguiendo a este animal en una simbología propia de todo el mundo mediterráneo. No es de extrañar, pues, que en los monumentos sepulcrales el difunto, para resaltar su imagen y quizás para mostrar su carácter heroico, persiga desde un caballo o un carro a estos herbívoros. Este sería el sentido del relieve de Almodóvar del Río, y relacionaría, al menos relativamente, a la cierva de Toya con el carro del interior de la cámara. símbolo de prestigio para su poseedor y vehículo a la vez para la guerra y la caza. Las escenas de este tipo estuvieron también representadas en las paredes de estas tumbas, como en el caso de Galera (Granada) (J. Cabré y F. de Motos, 1920, p.14) y aparecen en objetos de tamaño más pequeño, como decoración de la cerámica (A. García Bellido, 1954, figs. 574-6) o las grandes fíbulas de plata de Andalucía y la Marta (A. Blanco. 1964, fig. 5). No debemos olvidar, sin embargo, que las ciervas están relacionadas con la vida que nunca termina, y en esta actitud de rcproducci6n y fertilidad se representa al ejemplar de osuna-amamantando al cervato comiendo de una palmera que simboliza probablemente el árbol de la vida, en una composición propia de un ambiente púnico-(M. Alma@o Gorhra y F. Rubio. 1980, p. 357).

Esta doble significación de animal objeto de caza heroica y símbolo de la continuidad vital es la que a nuestro juicio domina las representaciones de las ciervas que se situaban sobre los monumentos sepulcrales. Por una parte, el personaje enterrado dominaba la obtcnci6n de este animal, y podía ser considerado por tanto, como más que un simple guerrero o cazador. Por otra par-te, el ciervo aseguraba al difunto su paso a otra vida, en la que estaría protegido-do por la divinidad a la que representaba, y que a nuestro entender debe ser la que en forma femenina se atestigua en Baza y muchos otros yacimientos del Sur y Sureste.

Ya se ha señalado que la amplitud cronológica de estas manifestaciones es grande. desde la fase orientalizante a pleno mundo romano. Sin embargo. si concretamos las fechas propuestas para las representaciones escultóricas ibéricas. localizaríamos las figuras exentas -ciervas de Caudete, Higueruela, Baena, etc.- entre el s. V y el s. IV, sin atrevernos a concretar más, ya que solo-lo la cámara de. Troya nos asegura esta última fecha, y su asociación con la pieza no es segura. Por otra parte. relieves como los de a t> Albanchez de Úbeda se localizan en momentos posteriores, ya a fines del s. III 2. JC.

BIBLIOGRAFÍA

T.CH.B.,

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